En 2023, el astrónomo Pieter van Dokkum (Universidad de Yale) detectó algo insólito en imágenes de archivo del Hubble: una traza lineal extremadamente fina que atravesaba el espacio, demasiado persistente para ser un artefacto. En diciembre de 2025, observaciones del James Webb (JWST) confirmaron lo que parecía imposible: RBH-1 (Runaway Black Hole 1), el primer agujero negro supermasivo errante confirmado observacionalmente, expulsado de su galaxia y atravesando el espacio intergaláctico a más de 2 millones de km/h.


Un hallazgo accidental

Van Dokkum no buscaba agujeros negros errantes. Estaba examinando imágenes del Hubble (cámara ACS) en busca de cúmulos globulares en una galaxia enana cercana cuando notó una línea brillante y afilada en los datos. Su primera reacción fue descartarla como un rayo cósmico (un artefacto común en imágenes espaciales), pero tras eliminar esos artefactos, la estructura seguía ahí.

Un análisis espectroscópico posterior con el telescopio Keck I reveló algo fascinante: a lo largo de la traza, las proporciones de líneas de emisión ([OIII]/H-beta) variaban de forma sistemática, pasando de valores típicos de formación estelar a valores indicativos de choques rápidos. Además, los colores de las estrellas mostraban un gradiente de edad monotónico: las más jóvenes estaban en la punta y las más viejas se alejaban de ella. Exactamente lo que esperarías de un objeto masivo en movimiento que desencadena formación estelar a su paso.


El “Búho Cósmico”: la escena del crimen

RBH-1 procede de un sistema apodado el “Búho Cósmico” (Cosmic Owl): un par de galaxias anulares en colisión situadas a unos 8.800 millones de años luz de la Tierra (desplazamiento al rojo z = 0,964). El apodo viene de su aspecto: los dos núcleos galácticos activos forman los “ojos” del búho y el frente de fusión entre ambas galaxias, el “pico”.

En este escenario de colisión galáctica, tres agujeros negros supermasivos interactuaron gravitatoriamente. El resultado: RBH-1 fue expulsado violentamente, dejando tras de sí una estela de consecuencias observables.


Lo que el JWST reveló

La confirmación definitiva llegó gracias a observaciones realizadas el 24 de julio de 2024 con el instrumento NIRSpec IFU del JWST (programa GO-3149, Ciclo 2). Los resultados, publicados en diciembre de 2025, fueron contundentes:

  • Discontinuidad cinemática: en la punta de la traza se detectó un cambio de velocidad radial de aproximadamente 600 km/s en apenas 1 kilopársec, exactamente lo que predice un modelo de onda de choque supersónica (un bow shock).
  • Geometría clásica de choque: la morfología en la punta muestra la forma arqueada de un frente de choque con una estela turbulenta detrás.
  • Ratios de líneas de emisión: consistentes con modelos de choques radiativos rápidos.

Van Dokkum describió la evidencia como “muy fuerte, rayando en abrumadora”.


Propiedades de RBH-1

Propiedad Valor
Masa ~20 millones de masas solares
Velocidad 954 km/s (~2,2 millones de km/h, el 0,32% de la velocidad de la luz)
Longitud de la estela ~200.000 años luz (el doble del diámetro de la Vía Láctea)
Estrellas formadas en la estela ~100 millones de masas solares
Distancia ~8.800 millones de años luz
Tiempo desde la expulsión ~73 millones de años

Para poner la velocidad en perspectiva: a ese ritmo, RBH-1 podría viajar de la Tierra a la Luna en 14 minutos.


¿Cómo se expulsa un agujero negro supermasivo?

Existen dos mecanismos teóricos principales:

1. Retroceso por ondas gravitacionales

Cuando dos agujeros negros supermasivos se fusionan, la emisión asimétrica de ondas gravitacionales puede imprimir un “empujón” (kick) al objeto resultante. Si el impulso es suficiente, el agujero negro puede superar la velocidad de escape de su galaxia anfitriona.

2. Honda gravitatoria de tres cuerpos

En una interacción gravitacional entre tres agujeros negros supermasivos (como puede ocurrir en fusiones de galaxias), uno de ellos puede ser eyectado por efecto de honda gravitacional.

El equipo de van Dokkum considera que el retroceso por ondas gravitacionales es el mecanismo más probable para RBH-1. Un estudio posterior de Islam, Venumadhav y Wadekar (enero de 2026) utilizó la velocidad medida para acotar las propiedades del sistema binario progenitor: una relación de masas m₁/m₂ ≤ 6, un espín elevado (~0,75) del agujero negro más masivo, y una fusión ocurrida hace aproximadamente 70 millones de años.


Una predicción de 50 años, finalmente confirmada

Desde la década de 1970, los teóricos habían predicho que los agujeros negros supermasivos podían ser expulsados de sus galaxias. Durante medio siglo, esta predicción permaneció sin verificación observacional. RBH-1 representa la primera validación empírica de que esto realmente ocurre en el Universo.

El descubrimiento tiene implicaciones que van más allá de la mera confirmación:

  • LISA: sistemas como el binario progenitor de RBH-1 serían fuentes ideales para LISA, el futuro observatorio espacial de ondas gravitacionales de la ESA, con relaciones señal-ruido superiores a 1.000.
  • Búsquedas futuras: las estelas de estrellas podrían ser un indicador genérico de agujeros negros errantes. Misiones como Euclid (ESA) y el Telescopio Roman (NASA) podrían buscar sistemáticamente más objetos de este tipo.
  • Enigmas galácticos: los agujeros negros errantes podrían explicar galaxias con agujeros negros centrales “infrapesados” y formación estelar inesperada en el medio intergaláctico.

Un debate abierto

Conviene señalar que la interpretación no es unánime. En febrero de 2026, un equipo liderado por Jorge Sánchez Almeida e Ignacio Trujillo publicó un análisis alternativo argumentando que los datos del JWST también son compatibles con una galaxia de canto (edge-on) sin bulbo, cuya curva de velocidad se ajustaría a la relación de Tully-Fisher, y que la punta brillante sería una región HII en lugar de un frente de choque.

Van Dokkum ha mantenido que las firmas de choque en los datos cinemáticos del JWST son “cristalinas”. Como en toda ciencia fronteriza, el debate continúa y probablemente se resolverá con observaciones adicionales.


Referencias